
Qué documentos se traducen en un proceso de compliance internacional
agosto 26, 2026Hay cláusulas que puedes traducir palabra por palabra al inglés sin que pase nada. Y hay otras en las que el calco te deja un contrato que se lee perfecto y no protege lo que creías que protegía. Pasa porque esas figuras existen en el derecho español y no tienen un equivalente exacto en un contrato anglosajón.
Si trabajas con contratos redactados en España que luego van a firmar o revisar en inglés, esta es la parte donde más se pierde. Te contamos cuáles son y cómo las resolvemos nosotras.
Por qué el calco falla justo en estas cláusulas
Un contrato español se apoya en un cuerpo de normas que se da por supuesto. No hace falta escribir qué pasa si el vendedor entrega una cosa con defectos, porque el Código Civil ya lo dice. En un contrato de common law ese respaldo no está: lo que no se escribe, no se aplica.
Por eso el problema aparece siempre en el mismo punto. Traduces la etiqueta de la cláusula, el lector angloparlante entiende una figura de su sistema, y esa figura tiene un contenido distinto. El texto queda correcto y el efecto jurídico, no.
Cuando la traducción tiene que servir ante un tercero (un banco, un registro, la otra parte y su abogado), esa distancia se paga. En los términos contractuales que generan litigios por mala traducción lo vimos desde el lado del inglés al español; aquí vamos en la dirección contraria.
Cláusulas españolas que no admiten traducción literal
Estas son las que más veces nos llegan mal resueltas en documentos que ya circulaban por la empresa. Ojo con ellas si tu contrato base es español:
- Las arras. «Deposit» se queda corto: en español las arras pueden ser confirmatorias, penitenciales o penales, y cada tipo decide si puedes desistir y a qué precio. Sin especificar el tipo y su efecto, la traducción no dice nada útil.
- El tanteo y retracto. No hay una pareja de términos ingleses que lo cubra. Lo más cercano es un right of first refusal, pero el retracto actúa después de la venta y eso hay que explicitarlo.
- La condición resolutoria expresa. Traducida como «termination clause» pierde el matiz de que la resolución opera de pleno derecho, sin necesidad de declaración judicial previa.
- El saneamiento por vicios ocultos. En español viene de la ley aunque no lo escribas. En inglés, si no lo redactas como garantía expresa, sencillamente no existe.
- La novación. Según el caso será modificativa o extintiva, y el inglés reparte eso entre amendment, novation y assignment, que no son intercambiables.
- La elevación a público. El notario latino y el notary public anglosajón no hacen lo mismo. Traducirlo sin nota deja al lector pensando en un trámite de firma.
La lista no es exhaustiva, pero cubre el 80 % de lo que vemos. Si tu contrato lleva alguna de ellas, ahí es donde conviene parar.

Cómo lo resolvemos en la práctica
No existe una regla única, porque depende de para qué se va a usar el texto. Sí hay tres decisiones que tomamos siempre antes de escribir la primera línea.
- Preguntamos qué función tiene el documento. Una traducción informativa para que un director entienda lo que firma admite explicar la figura; una que va a firmarse como versión vinculante, no.
- Mantenemos el término español cuando la figura no existe fuera. Con el original entre paréntesis o en nota, y una descripción corta del efecto. Es más honesto que un equivalente aproximado que induce a error.
- Redactamos el efecto, no solo el nombre. Si la cláusula española da un derecho de desistimiento con pérdida de la señal, eso tiene que estar escrito en el texto inglés aunque el original lo diera por supuesto.
Cuando el contrato es de los que se repiten, dejamos esas decisiones fijadas por escrito para que la próxima traducción no vuelva a empezar de cero. Un glosario jurídico bilingüe sirve exactamente para eso.
Qué mirar antes de dar un contrato por traducido
Si vas a revisar tú la versión inglesa, hay cuatro comprobaciones rápidas que detectan casi todos los calcos peligrosos.
- Localiza cada figura que venga del Código Civil español y comprueba que su efecto está escrito, no solo nombrado.
- Revisa que la cláusula de ley aplicable y la de jurisdicción digan lo que tienen que decir; no son la misma cosa y se confunden mucho.
- Comprueba si hay una cláusula de idioma prevalente y qué versión gana en caso de discrepancia.
- Verifica que los importes, plazos y nombres de las partes coinciden con el original, uno a uno.
Las cláusulas más internacionales (confidencialidad, fuerza mayor, acuerdo completo) tienen su propia lógica y las tratamos en el artículo sobre cómo traducir cláusulas contractuales habituales ES–EN.
¿Tienes un contrato español que va a firmarse en inglés?
En Connecting Translations traducimos contratos con abogados delante, y esta es la parte que más tiempo nos lleva revisar. Lo que se come las horas es decidir qué efecto tiene que conservar cada cláusula.
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