
Qué no traducir nunca literalmente en comunicación legal interna
agosto 5, 2026Cuando se habla de errores de traducción, casi siempre se piensa en una anécdota graciosa. Un caso real de mala traducción internacional puede frenar en seco un acuerdo entre países, obligar a retirar un proyecto de ley y dejar a un gobierno rehaciendo mil cuatrocientas páginas de texto.
Eso fue exactamente lo que ocurrió con el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Corea del Sur. Te contamos qué pasó, por qué se llegó hasta ahí y qué lecciones deja para cualquier empresa que firme contratos en otro idioma.
El caso: 207 errores de traducción que frenaron un acuerdo internacional
En 2011, el Gobierno surcoreano preparaba la ratificación del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. El texto en inglés estaba cerrado. El problema estaba en la versión coreana, que era la que debía aprobar la Asamblea Nacional.
En marzo de ese año, la organización de juristas Lawyers for a Democratic Society hizo público que la traducción al coreano contenía alrededor de 160 errores. La cifra creció con la revisión oficial: el Gobierno acabó corrigiendo 207 errores de traducción repartidos por unas 1.400 páginas de acuerdo, según recogió la prensa coreana.
La consecuencia fue inmediata. El proyecto de ratificación tuvo que retirarse de la Asamblea Nacional y volver a presentarse, hasta llegar a una tercera remisión del texto, un episodio sin precedentes en la historia administrativa del país. El acuerdo terminó aplicándose de forma provisional desde el 1 de julio de 2011. Puedes leer la cobertura en The Korea Times y en The Korea Herald.
Cómo se llega a 207 errores
Un acuerdo comercial de 1.400 páginas mezcla derecho, aduanas, agricultura, propiedad intelectual y servicios. Ningún traductor generalista domina todos esos campos, y un calendario político rara vez deja tiempo para una revisión jurídica completa del texto.
Los ingredientes se repiten en cualquier operación grande: volumen enorme, plazos ajustados, varios traductores trabajando en paralelo sin un glosario común y una revisión final que llega tarde. Cuando además el texto que vincula es el traducido, cada imprecisión se convierte en una norma distinta.
Los contratos privados sufren lo mismo
Este patrón va mucho más allá de los tratados. En 2012, el Tribunal Marítimo de Shanghái advirtió de que los errores de traducción en cláusulas contractuales estaban detrás de varias disputas entre empresas chinas y extranjeras.
Dos ejemplos que citó el propio tribunal: drydocking (poner un barco en dique seco) se tradujo como «lavado de tanques», y la expresión except fuel used for domestic service acabó convertida en «salvo el combustible usado para vuelos nacionales». Dos frases, dos obligaciones completamente distintas.
Según el tribunal, estos casos representaban menos del 5 % de los asuntos, pero generaban pérdidas relevantes. Uno de sus jueces lo resumía apuntando que muchas expresiones del sector se fijan por el uso y no por su sentido literal, y que los traductores con verdadera especialización escasean. La cobertura, en China Daily.

Qué lecciones deja este caso de mala traducción internacional
Del acuerdo UE-Corea y de los contratos marítimos se extraen las mismas cuatro conclusiones:
- El texto traducido vincula. Si la versión en tu idioma es la que aprueba un parlamento o firma una parte, sus errores pasan a ser derecho aplicable.
- El volumen no justifica la prisa. Cuantas más páginas hay, más necesaria se vuelve la revisión jurídica bilingüe.
- La especialización es imprescindible. Un término del sector traducido por su sentido literal cambia la obligación que asume una parte.
- Sin glosario común no hay coherencia. Varios traductores sin equivalencias fijadas producen varias versiones del mismo concepto.
Sobre el primer punto conviene incluir una cláusula que indique qué versión lingüística prevalece, algo que se decide junto con la ley aplicable y la sumisión a tribunales: lo vemos en governing law y jurisdiction.
Cómo se evita en la práctica
El proceso que seguimos cuando un documento compromete a alguien:
- Traductoras especializadas en derecho, con conocimiento real de los dos ordenamientos.
- Un glosario de la operación fijado antes de traducir la primera página. Puedes partir de nuestra plantilla de glosario jurídico.
- Revisión jurídica bilingüe del texto final, más allá de la corrección lingüística.
- Una cláusula que fije la versión que prevalece cuando el contrato es bilingüe.
Es el mismo criterio que aplicamos cuando hay una operación en marcha y el reloj corre, como en una due diligence legal internacional. Y sobre los términos concretos que más litigios generan, lo desarrollamos en términos contractuales que generan litigios por mala traducción.
Que tu contrato diga lo mismo en los dos idiomas
En Connecting Translations traducimos contratos y documentación internacional con traductoras especializadas en derecho, un glosario propio para cada operación y revisión bilingüe antes de la entrega. Confidencialidad firmada y plazos cerrados desde el primer día.
Si tienes un acuerdo internacional sobre la mesa y quieres asegurarte de que la versión en español dice exactamente lo mismo que la inglesa, escríbenos. Te damos precio y plazo el mismo día, y revisamos el texto completo antes de que nadie lo firme.





